1. «Historias de cronopios y famas», Julio Cortázar

    Terminé «Historias de cronopios y famas», de Cortázar.

    Nada falta por decir de la publicación, que me gustó mucho y me pareció tremendamente tierno y con detalles de verdadera genialidad.

    Se divide en «Manual de Instrucciones», «Ocupaciones Raras», «Material Plástico» e «Historias de Cronopios y de Famas».

    Cada uno tiene una temática completamente diferente.

    Las famosas instrucciones para llorar, subir una escalera, cantar; su familia, rara por donde se la mire; objetos inanimados;

    y los cronopios, sus personajes, «verdes y húmedos», más famosos.

    Una de las cosas que más me gustó es la mirada que tiene sobre cotidianidades de la vida, que tranquilamente podrían ser las de un niño.

    Eso es una de las características más interesantes que tiene y lo que lo hace único.

     


  2. «Pánico y locura en Las Vegas», Hunter S. Thompson

    Terminé «Pánico y locura en Las Vegas», de Hunter S. Thompson.

    El libro cuenta un viaje que hizo el autor, periodista creador del estilo «Gonzo», junto a su abogado a Las Vegas a cubrir una carrera.

    Ambos adictos se llevaron marihuana, anfetaminas, éter, LSD, metanfetamina, heroína y cualquier cosa que alguien pueda imaginarse.

    Fueron porque Thompson tenía que cubrir una carrera de motos (Mint 400). Es lo último que hizo.

    Además, como si fuera poco, terminaron en una convención de canas donde se iban a especializar en drogas. Mal flash.

    Él grababa todo y estaban tan falopeados que por momentos hay pasajes literales porque ni a él le importó traducirlo ni pudieron entenderlo.

    No paran. Cuando están abajo, toman algo que los suba; cuando están arriba, algo que los baje. No importa que la estén pasando muy mal.

    Detrás de todo está la búsqueda del «sueño americano» inexistente en una ciudad donde todo parece ser felicidad y, en realidad, es fachada.

     


  3. «Cuna de gato», Kurt Vonnegut

    Terminé «Cuna de gato», lo primero que leí de Kurt Vonnegut.

    El libro cuenta la historia de un periodista que se topa con la historia del hombre que creó la bomba atómica y eso cambia su vida.

    Ese hombre es Felix Hoenikker quien, antes de morir, creó lo que llama “hielo 9”, un químico que puede congelar el planeta.

    A partir de ahí el periodista conoce a una serie de personas –todas de lo más extrañas- que, por vueltas de la vida, termina en una isla de régimen dictatorial.

    El libro no me mató, aunque tiene algunos detalles que son espectaculares.

    Lo que más me gustó es el Bokononismo, una religión ficticia practicada por los habitantes de la isla.

    El Bokononismo se basa en mentiras y lo bueno es que se enorgullece de eso. Eso sí, las mentiras contadas tienen una sola intención: hacernos felices.

    Vonnegut habla de la realidad y muestra que aunque se haga fuerza, mucha fuerza, no se puede negar.

    Es un libro de lo más interesante por momentos -con mucho humor y personajes muy extraños-. Por otros me aburrió un poco, pero vale la pena.

     


  4. «Suites imperiales», Bret Easton Ellis

    Terminé «Suites imperiales», de Bret Easton Ellis, que es la continuación de «Menos que cero», pero 25 años más tarde.

    Si bien aparecen los mismos personajes que en su primer novela, el estilo de “no estás pasando nada” desapareció.

    En esta novela desde el principio nos mete un poco de suspenso y, poco a poco, se va convirtiendo en algo asfixiante.

    Tiene todos los elementos que Ellis toca habitualmente: sexo, violencia, drogas, prostitución, amor. El espejo de la sociedad.

    Mete escenas de mucha violencia -que son clásicas en el autor- pero de una manera forzada y se nota.

    Está lejos de ser lo que fue su debut, pero no está mal para aquellos que quieran saber cómo es la vida de Clay de adulto y de sus amigos.

    Eso sí, si no se leyeron «Menos que cero» y les gusta conocer todo lo que hizo el autor, aunque no sea de lo mejor, no tiene sentido leerla.

     


  5. «Menos que cero», Bret Easton Ellis.

    Terminé «Menos que cero», de Bret Easton Ellis.

    Un libro que, desde el primer momento, me recordó a «El guardián entre el centeno». Lo recuerda tanto quizás por momentos molesta un poco.

    Igual, cuando cada personaje toma vida propia y la personalidad se impregna en nosotros, nos olvidamos de esto.

    Cuenta la historia de Clay, que vuelve a su casa a pasar la Navidad: la relación con su familia, amigos, amores, sexo, drogas (mucha merca).

    Sobre todo hay un desinterés por todo con el cual muchos nos sentimos identificados.

    Un libro en el que parece que no pasa nada -te hace sentir como una línea recta- pero lo importante es lo que pasa dentro del protagonista.

    Hay mucho 80s, mucha desazón, mucho The Clash en un grupo donde sobra el dinero y donde lo importante es pasarla bien.

    Mucha superficialidad, frialdad y una muestra de cómo vivió una clase alta adolescente a la que el futuro le importaba poco.

     


  6. «El extranjero», Albert Camus

    Termine «El extranjero», de Albert Camus. Trata sobre la vida de Meursault, un hombre que, por cosas del destino, termina ante un asesinato.

    Es un libro que describe situaciones desafortunadas para el pobre tipo que, por otra parte, siente las cosas de una manera diferente.

    La muerte de su madre, la relación con su novia, la amistad de alguien a quien desconoce, un perro, un viejo, la muerte.

    A través de una obra corta Camus muestra los valores sociales, el ateísmo, la injusticia, las concepciones sociales que incluso existen hasta en la actualidad.

    En el último capítulo todas las musas del universo estuvieron con Camus. Es magnífico.

     


  7. «About a boy», Nick Hornby

    Terminé «About a boy», de Nick Hornby. Me gustó, de hecho, más que «High Fidelity».

    Cuenta la relación de un nene muy raro, Marcus, de 12 años, que fue criado de una manera un tanto extraña.

    Él parece el adulto de una familia disfuncional conformada por una madre hippy depresiva y un padre que aparece poco y nada y es un inútil.

    El otro protagonista es Will, un tipo de 36 que vive de las regalías de una canción que compuso el padre y no hace, literalmente, nada.

    No cree en las relaciones y tiene un estilo de vida que creó para no relacionarse con nadie, no salir lastimado y ser feliz a su manera.

    La relación entre Will y Marcus, rarísima y de mucho amor que evoluciona a lo largo del libro, es lo más interesante.

    Problemas tanto existenciales y cotidianos forman parte de las páginas de «About a boy».

    De fondo, mientras todo parece perecer, hay un mensaje esperanzador. Si no lo leen se están perdiendo un gran libro.

     


  8. «Alta fidelidad», Nick Hornby

    Terminé «Alta fidelidad», de Nick Hornby. No conocía al autor, aunque sí había visto la adaptación del libro, donde trabajó John Cusack.

    Lo protagoniza Rob Fleming, un treintañero que se pelea con la novia y por eso se hace con un replanteo existencial.

    Pasa por todo y, sin lugar a dudas, lo más interesante es leer qué piensa el autor sobre cada aspecto de la vida.

    En el libro se habla de la muerte, futuro, dudas, amor, desamor, relaciones tanto de amistad como familiares. Del miedo a la cotidianidad.

    Todo lo que alguien que no pudo crecer y quedó en una eterna adolescencia de inseguridad se pueda preguntar está tocado en «Alta fidelidad».

    El resultado es un libro profundo con momentos de humor, acidez, desesperación y soledad de la que pocos logran escapar. Deberían leerlo.

     


  9. «Adiós a las armas», Ernest Hemingway

    Ayer terminé «Adiós a las armas», de Hemingway. Me gustó, lo recomiendo, pero no me mató.

    En general todo lo que tenga relación con las guerras no me interesa. No me gusta de antemano, pero al ser Hemingway decidí leerlo igual.

    El libro se divide en dos: el protagonista, médico, en la guerra y en la ciudad con su amor, una enfermera.

    Después de todo se trata de una historia de amor con un final increíblemente desgarrador y una escena de pura soledad.

    En las páginas se puede divisar la amargura y la desilusión que sintió gran parte de su vida el autor y todo lo que pensaba sobre la guerra.

    Se cuestiona la existencia, la angustia del ser humano, la muerte y el nacimiento. No está mal, pero me gustó más «París era una fiesta».

     


  10. «El almuerzo desnudo», William S. Burroughs

    Terminé «El almuerzo desnudo», de William S. Burroughs, un libro que trata sobre la adicción a las drogas que tuvo durante 12 años.

    No es un libro convencional. Por momentos parece experimental, porque muestra escenas que muchas veces no están relacionadas.

    La crudeza es increíble. Es increíblemente explícito cuando se refiere a las drogas, las escenas de sexo son fuertes y es desgarrador.

    Es un libro que muestra la adicción y, por ende, es como ella: inentendible, duro, irreal, surrealista.

    Es un collage mental de lo que recuerda de esos 12 años Burroughs y, al ser tan caótico, nos da una imagen clara de lo que atravesó.

    Es un libro muy raro. No es para todos, pero particularmente me pareció una genialidad.